Le mandás tres presupuestos a Arisa. En uno falta el plazo de entrega. Otro no aclara si incluye instalación. El tercero tiene un precio que depende de una cantidad mínima que nadie especificó.
Arisa puede hablar con los proveedores por WhatsApp, preguntar lo que falta y seguir la conversación. Si uno responde “depende de la zona”, le pasa la ubicación que autorizaste. Si otro ofrece una alternativa, incorpora esa opción a la comparación. Vos volvés al chat cuando hay algo para decidir.
El pedido puede ser así:
“Hablá con estos proveedores y averiguá cuánto me sale el trabajo completo y cuándo pueden hacerlo. Podés responder preguntas sobre las medidas y la zona. Antes de aceptar una oferta o pagar una seña, consultame.”
Le encargaste una gestión que requiere varios intercambios. Entre tu primer mensaje y la decisión hay personas que contestan a distintas horas, condiciones que cambian y preguntas nuevas. Arisa puede ocuparse de ese seguimiento.
Tu web también puede ser parte de la conversación
Estás mirando tu página desde el teléfono y encontrás un precio viejo. Le escribís a Arisa para que lo cambie. Después le mandás una foto y le pedís una página para un servicio nuevo, con el diseño del sitio y un formulario de consulta.
Arisa puede trabajar sobre los archivos, preparar una vista previa y publicar con tu aprobación. También puede comprobar que la página publicada responda y que el formulario siga funcionando.
Desde ese mismo chat podés encargarle un trabajo más largo:
“Revisá en Google Search Console con qué búsquedas llegan a la web. Buscá páginas que reciben impresiones pero pocos clics, compará lo que prometen en Google con lo que muestran al entrar y proponeme cambios concretos.”
Con acceso a la consola, Arisa puede investigar consultas y páginas, corregir contenido y volver a revisar los resultados después. El seguimiento incluye mirar si Google ya refleja los cambios y distinguir qué mejoró de lo que todavía no tiene suficientes datos.
Vos elegís cuánto delegar: revisar cada propuesta o autorizar ciertos cambios dentro de un alcance definido. Una nueva sección comercial puede necesitar tu aprobación; corregir un enlace roto puede entrar en el mantenimiento que ya le encargaste.
Un vendedor con acceso a tu catálogo real
Imaginá una distribuidora con millones de registros entre productos, existencias, precios y compatibilidades. Un cliente escribe por WhatsApp:
“Necesito un reemplazo para esta pieza. Te mando una foto.”
Arisa puede consultar la base interna, buscar candidatos y pedir el dato que permita distinguirlos. Tal vez necesite el modelo del equipo o una medida. Con esa respuesta puede volver a consultar, comprobar disponibilidad y ofrecer las opciones que correspondan.
La conversación podría seguir con una pregunta sobre cantidad, entrega o una alternativa más económica. Arisa puede usar los datos de la empresa durante ese intercambio, dentro de los permisos que tenga.
Ahí podés definir reglas comerciales concretas: qué lista de precios usar, cuándo derivar a una persona y qué descuentos requieren autorización. El equipo recibe la consulta con el trabajo previo hecho y las dudas pendientes identificadas.
El tamaño de la base exige una integración adecuada. Las consultas tienen que traer los registros relevantes para cada pedido; nadie necesita pegar millones de filas en una conversación.
También puede responder con voz
Hay clientes que mandan audios y prefieren escuchar la respuesta mientras trabajan.
Arisa puede preparar el mensaje, generar la voz mediante el MCP de Magnific y enviarlo por WhatsApp. En una consulta comercial, eso permite explicar una diferencia entre dos productos o pedir una medida sin obligar al cliente a leer una respuesta larga.
Podés darle una instrucción de estilo:
“Respondé con un audio corto. Explicá cuál de las dos opciones le sirve y preguntale cuántas unidades necesita. Mandá también el código del producto por escrito para que pueda copiarlo.”
En ese trabajo Arisa combina la consulta de datos, la conversación con el cliente y la generación del audio. Cada herramienta aporta una parte del resultado.
Encargarle algo que siga avanzando
Con Arisa podés repartir trabajo y armar rutinas en los servicios y procesos que usás: tu web, las conversaciones de WhatsApp, una base interna o las herramientas disponibles por MCP.
Conviene empezar por un trabajo que hoy te obligue a volver varias veces sobre el mismo asunto. Perseguir una respuesta. Consultar disponibilidad. Actualizar una página y comprobarla. Revisar qué pasó con las búsquedas después de un cambio.
El encargo puede incluir hasta dónde avanzar y cuándo volver a buscarte:
“Ocupate de las consultas de este producto. Consultá precio y stock en la base, preguntá lo que falte y respondé por WhatsApp. Pasame las oportunidades que estén listas para cotizar. Si te piden algo fuera de las condiciones comerciales, traémelo antes de comprometer una respuesta.”
Después podés seguir con tu día. Arisa tiene un trabajo definido, herramientas para hacerlo y un punto concreto en el que necesita tu decisión.